domingo, 7 de agosto de 2011

Un retrato de FO'C enferma

Richard Gilman, en un artículo de 1969 en el New York Times Review of Books cuenta (lo vi en Edmondson 2002: 139-40) que le daba miedo ir a verla, porque sabía que estaba cada vez más desfigurada por la medicación que tenía que tomar para su enfermedad.
Y cuando llegó, al principio rehuía mirarla, pero pronto:
I was looking at her, at her face, twisted to one side, at her stiff and somewhat puffy hands and arms, and at her thinning and lusterless hair.
[he resisted] and occasional spasm of pity (...) her appearance was absorbed for me into her presence and -I don't use the world lightly- transfigured by it. (...)
Tough-minded, laconic, with a marvelous wit and an absolute absence of self-pity, she made me understand, as never before or since, what spiritual heroism and beauty can be.
Estaba mirándola, a la cara, torcida por un lado, a sus manos y brazos rígidos y como hinchados, y a su pelo cada vez más ralo y sin brillo.
[Gilman se resistió] a una punzada de compasión (...) su apariencia quedó absorbida en mí por su presencia y -no uso la palabra a la ligera- transfigurada por ello. (...)
De ánimo fuerte, lacónica, con una maravillosa agudeza y una absoluta carencia de autocompasión, me hizo comprender, como nunca antes ni después, qué es lo que pueden ser el heroísmo espiritual y la belleza.