lunes, 27 de julio de 2009

De sus cartas

Más de Flannery (El hábito de ser, p. 91):

Yo también creo que sólo existe una realidad, y que es la definitiva, pero la expresión ‘realismo cristiano’ me resulta necesaria, aunque sólo sea de forma académica, porque me encuentro en un mundo donde cada uno tiene su puesto, te colocan en el tuyo, te encierran y se van. Algo terrible para el escritor cristiano es que para él la realidad definitiva es la encarnación y nadie cree en ella; es decir, ninguno de tus lectores. Mis lectores son la gente que cree que Dios está muerto. Al menos esa es la gente para la que soy consciente que escribo.

Respecto a que Jesús es un realista, si él no fuese Dios, no sería un realista, sólo un mentiroso, y la crucifixión un acto justo.

El dogma no puede de ninguna manera limitar a un Dios ilimitado. La persona ajena a la Iglesia le concede un significado diferente que la persona que pertenece a ella. Para mí el dogma es la puerta de la contemplación; se trata de un instrumento liberador y no restrictivo. Protege el misterio para la mente humana. Henry James decía que la joven del futuro no sabría nada sobre el misterio o los modales. No tenía que haberlo limitado a un sexo.

(…) No soy una mística ni llevo una vida santa. No es que pueda reivindicar algún pecado interesante o placentero (tengo un gran sentido del demonio), pero conozco toda la variedad: orgullo, gula, envidia y pereza. Además mis virtudes son tan tímidas como mis vicios. Creo que ocasionalmente el pecado puede acerca a una persona a Dios, pero no el pecado habitual y no este pecadillo que impide cualquier bien. Un conocimiento práctico del demonio puede adquirirse resistiéndose a él.

p. 92 (…) No me fío de frases piadosas, especialmente cuando brotan de mis labios. Trato con gran empeño de no ser influida por el lenguaje piadoso de los creyentes, pero siempre aparece cuando menos te lo esperas. Frente al lenguaje piadoso de los creyentes, la liturgia es hermosamente sencilla.

[entrada recuperada de hace años]