lunes, 23 de julio de 2012

Del libro de Gentry y Amason (y III)

Recojo aquí otras cosas que me han llamado la atención del libro de Gentry y Amason:

-Le hacía reír mucho "The Golden Honeymoon" de Ring Lardner (26).


-Las tres cosas que le enseño a Miller Williams fueron: economía de lenguaje, el sentido de completamiento (que cuando un poema, un relato, se terminan, se note: que caiga por su peso que eso es el final) y el meter al lector como personaje, que se sienta de algún modo retratado en lo que se ha escrito (39).


En todo el libro, la relación conflictiva con su madre: caracteres opuestos, complementariedad, se querían mucho, madre sobreprotectora. Otra cosa positiva: Cecil Dawkins: «Su madre era una gran narradora ('racconteur') y contaba todo lo que había visto y oído esa mañana en el pueblo, todo lo que estaba pasando. Y Flannery, estoy segura, lo absorbía, como yo» (73).


Una vez fue a dar una conferencia a Chicago, a leer un relato suyo, El negro artificial: el avión no pudo aterrizar por la nieve y tuvo que ir en autobús. Asistieron once personas (81).


Una monja, la hermana Loretta Costa, cuenta que Flannery no estaba nada contenta con que el ayuno pasase a ser de tres horas, lo que permitía que hubiese misas por la tarde. Una vez la invitó a una Misa por la tarde y contestó Flannery: «En absoluto ('Absolutely not'). La Iglesia como la conozco yo, ayunas desde medianoche, y nada de eso de las tres horas» (101).


Según Ashley Brown: «Flannery tenía una opinión muy pobre de Irlanda. Llama al castillo de Blarney el castillo de Baloney (='de la tontería'). Eso estaba a la altura de Finnegans Wake» (113).


Según Ashley Brown le gustó Pnin, de Nabokov (114).

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